SELECCIÓN TEXTOS ADELA FERRER

*****************
ARGENTINA 2014-15-16

NADIE

Una voz oscura entre ramajes olvidados.
Nadie.
El día en velo, en llamada de viento, de fríos pasos.
El ladrido de los perros callejeros se congela,
entumece el asfalto, la savia se pierde.
Nadie.
La ceguera de la noche reclama unos ojos,
aquellos que buscan el espacio compartido del grito en el desespero,
el que toma la sombra como esposa y el garfio como pozo en mano.
Cuerpos transparentes vagan por la estela vaporosa del amargo.
Palabras impronunciables sacian la sed de una garganta en explosión.
Nadie.
Redoblan los deseos en el vértigo de la verdad.
Acostarse cada noche con la culpa no es soñar,
sino vagar de alma que queda debiendo en el bar de la vida.

Texto: Almagro, Buenos Aires, 25 de marzo de 2015, 7’47h.

 

TINTINEO EN EL CONVEXO

Resistimos desde el sueño.
Avanzamos con la lluvia de la mano de un malva confianza.
Salivando y tragando tierra, cielo y mar,
tosiendo el desaliento,
bostezando la ira desordenada y rígida.
Congelando la quietud,
comenzamos a escuchar los pasos de nuestros pies
en el peso del cuerpo apagado en el cemento.
Retumban espejos.
Tintinean las voces desdobladas por el convexo.
Bocas que cuentan desde las persianas,
desde los pórticos abiertos al humo del misterio.
Vértice del silencio desnudo.

Texto: Almagro, Buenos Aires, 20 de marzo de 2015, 10’47h.

 

AMO

Amo lo que dejé atrás.
Lo que disfruté en el momento y ahora corre en otras vías.
Lo que sentí allá dentro, entre pasos y pulsos,
y queda en estos restos, posados, en la luz de una mirada,
en el recuerdo de una voz amiga, que canta o dice. Que calla.
Y me da aire, vida, estar. Camino.
Tantas as como besos, y tantas comas como abrazos.
Amo lo que dejé atrás, y sigue aquí, acompañándome.
Amo lo que sigue dándome de sentir, y pensar y rodar.
Quizá amo demasiado la lágrima que me acerca a esa distancia
que retoma un mar entero,
a esa sombra que cobija y pausa.
Amo lo que dejé atrás,
y lo que atrás me dejó,
para seguir dándome cuerda, de una mano y aire de la otra.
Amo a todo aquel que me amó, aunque pasen vientos y mareas
por las vías de un tren estacionado en el óxido del transcurso.
Amo lo que dejé atrás y ahora me atrapa.
Amo.

Texto: Almagro, Buenos Aires, 14 de marzo de 2015, 18’43h.

 

BAJO CIFRADO EN MARZO

Al este y al oeste brotes blancos,
del amanecer al ocaso,
de otros ojos en norte
a unos en sur.
La latitud del observador,
el rosario ocular de la voz.
El angular conquista la tarde
que tú ves mañana.
Niños, sábanas, manteles, abuelos.
Brotes blancos en los almendros.
Enero en julio,
febrero en agosto,
marzo en septiembre.
Refracción del tiempo
que nos hace saborear la confusión en el espacio.
Bocas de lobo, tréboles de cuatro hojas, pensamientos.
Marzo de sandalias, marzo de capucha, marzo blanco, marzo rojo.
Mas marzo.
Cenit en la vertical de la mirada,
en cuatro ojos frente a un océano.

Texto: Almagro, Buenos Aires, 13 de marzo de 2015, 9’21h.


ANCLAJES DE REINVENCIÓN

¿En qué calle me anclé?
¿En qué ciudad?
¿En qué beso?
¿En qué esquina a escondidas, en qué manos bajo mi falda, en qué zaguán?

¿Ante qué ojo, ante qué vientre, ante qué paso?

¿De qué corteza de pasión estamos hablando?
¿De qué rama, de qué parque, de qué pájaro?

La muerte del recuerdo no timonea,
porque todos os reinventáis en el otro y yo en vosotros.

Texto: Pza. Unidad Latinoamericana, Palermo, Buenos Aires, 6 de febrero de 2015, 12’34h.

 

DANZAR DE CRIATURAS

Danzar de criaturas.
Sintiéndome falda y vuelo.
Al son de una tormenta que se aleja.
Estremecimiento efímero.

Texto: Plaza Unidad Latinoamericana, Palermo, Buenos Aires, 22 de enero de 2015, 14’56h.

 

MUERDO LA MANZANA

Del sueño a la página.
La imagen empuña la palabra.
Salto en coherencia de los ojos al silencio de la boca
en escrito de mañana.
Todavía con párpados cerrados recorro la página en blanco.
El silencio no se compra. Tampoco el beso.
Es el peso justo de la vida en brazos del destino.
Muerdo la manzana.
Despertar temprano de la inocencia
en este día de febrero en el que no marcho, sino quedo.

Texto: Almagro, Buenos Aires, 26 de febrero de 2015, 9’27h.

 

JARDÍN

He armado un jardín,
de sonidos y letras,
de silencio y pausa,
de sueños azules que despertar.

He armado un jardín,
de gestos y belleza,
de diálogo y desnudo,
de orillas y horizontes donde acudir.

He armado un jardín,
de tesoros y sorpresas,
de vuelo y lluvia,
de cuidados y vientos con que nutrir.

He armado un jardín.

Texto: Sánchez de Bustamante, 314, Almagro, Buenos Aires, 25 de febrero de 2015, 8’11h.

 

VARELA-VARELITA

Una pequeña partícula de luz se dispersa ligera en el aire.
Se reinventa la sutileza
en contrapunto a este golpe de gritos mudos,
de músicas estridentes para los ojos.
Tras la vidriera.
Puente de ceniza y caricia.
Silencio de mediodía en el Varela-Varelita.
Este santuario de ciudad en febrero a 36 grados
me muestra el anonimato en un estacionamiento de humanos.
El bar es una buena iglesia en vacaciones.

Texto: Café Varela-Varelita, Scalabrini Ortiz, 2102, Buenos Aires, 17 de febrero de 2015, 14’01h.


CAJÓN VOLCÁNICO

Nada es lo que parece.
Estas siluetas no son cuerpos, sino sus proyecciones
sobre un obscuro de luz en opuesto.
El temor es lluvia.
El deseo salida.
El gris la morada de la confusión.
Deseo.
Visiones repetidas en cajón volcánico.
Cenizas que rugen.
Un balcón de papel las encuadra.
Me detengo en una puesta de sol de lava.
En cualquier ciudad que me vista de niña.
Qué he hecho de mi estancia sino lucha.

Texto: Plaza Unidad Latinoamericana, Palermo, Buenos Aires, 22 de enero de 2015, 14’36h.

 

NO PRECISO RELOJ PARA QUERERTE

Todavía me saben los labios a quien me dio de beber aquella noche.
Zarpazo en el viento. Parón y pausa. Quietud volcada.
Nada cambió mis planes, simplemente se encendió el momento
en la continuidad de la acción menguante.
No preciso reloj para quererte.
No debo preguntar al tiempo
si las manecillas nos mecen o desean descansar.
Ni calendarios para contactar con nuestra primavera
de 20 grados a la sombra, 23 al sol y una brisa que recuerda a otoño.
Veo desde una mirilla la construcción de un sueño de papel y sal y limón.
Navego cultivando azahar de besos.
Se me aparece el contorno de tus dedos.
Mi espalda es la mañana.
Tus manos el día.

Texto: Palermo, Buenos Aires, 20 de enero de 2015, 15’51h.


EL ETERNO EQUILIBRISTA

Muere la belleza por un instante en negro.
El enigma del ingenio.
Los pasos de la distancia que chocan contra un tren de sucesos mentales.
Parámetros engullidos por el sarcasmo de la soledad en el camino.
Gruta para el aleteo de la libertad.
Mástiles quebrados en el corazón de lata.
Caricia ingenua de la ráfaga del aliento.

-‘Espejismo’-. Momento de fantasía alejado de la realidad.

Plumas de ángeles manchadas de alquitrán
en el exilio de las ideas.

-‘Tierra a la vista’-.

Mis pies, antes agitados, posan de nuevo su peso en la gravedad.
Confieso que la cruzada fue un rosario de piedra y ojos sin caridad.

Texto: Palermo, Buenos Aires, 15 de enero de 2015, 12’12h.

 

LA PROYECCIÓN EN EL SILENCIO DE UNA CIUDAD VACÍA

La proyección en el silencio de una ciudad vacía.
Redes que convergen en esquinas solitarias.
Entre el obscuro.
Simétricos ecos de pasos que te rodean y te alcanzan,
paralelos y perpendiculares al asfalto que recorres.
Entre el obscuro.
Alguien en otra mudanza del caminar.
Huellas borradas de la memoria,
que no reconoce la propia sombra.
Deseos dispersos en una noche de ausencia.
Deseos dispersos.
Un vaso quebrado en una mesa imaginada.

Texto: Palermo, 7 de enero de 2015, 10’14h.

 

ENTRE BAMBALINAS

El teatro de los sueños llena ‘cabarets’.
Todos a la espera del segundo acto.
En una barcaza de viento y espinas que rompe el encantamiento,
sale de entre bambalinas el actor en sombra.
El ensayo general de la vida marca el tempo de las escenas.
La casa llena de palabras y ausencias,
donde acuden poetas borrachos de ganas por brillar en la noche del estreno
como luciérnagas solitarias en comba con la pausa.

Texto: Palermo, Buenos Aires, 7 de enero de 2015, 10’24h.

FLARE VENTUS

Viento.
Viento que ruge en la tarde que apunta.
Mediodía de silencio enturbiado por un silbido perseverante.
Se esfumó el día tras el llanto de los juncos
que se agitan en otras tierras lejanas al asfalto bonaerense.
Una laguna de tul trémulo sobre la lontananza.
La noche en potencia,
omnipresente ahora ya en estos pasos,
que se asoman en el aire tibio de la caída del sol y la mudez del atardecer.
Viento.

Texto: Palermo, Buenos Aires, 2 de enero de 2015, 18’11h.

 

MARCHA EN LA NIEBLA DE LA LEJANÍA

Como un poema escrito en un muro
veo cada uno de mis recuerdos.
Estableciendo como premisa la palabra muda,
dejo sueltos los estribos de la lucha,
que, tras el monte del olvido, marcha en la niebla de la lejanía.
La lluvia borrará los sueños despedazados
y dará paso a una primavera de versos floreciendo.
Escarcha de guerra en las tinieblas cerebrales,
química de sales en cada poro de sangre.
Un ‘aquel yo’ inmerso en bruma.
Un ‘yo de momento’ en el ya del todo.

Texto: Palermo, Buenos Aires, 2 de enero de 2015, 19’09h.

*****************
COLOMBIA 2014

Le llamo prosa fotográfica, de instinto, entraña y sensaciones. De pasos que vagan con rumbo no aprendido, sino vivido. Llevado. Puesto en el extremo de la llama, incandescencia del suspiro. Vacío. Multitud de llamadas en la noche. Temprana esencia la de la luz. Un yo y tres quebrantos. Noches vagabundas de asfalto. Recuerdo. Amor y amor. Raíz de la tormenta. Sal y roca, bravura del azul. Mansedumbre del aire. Oxígeno de vena en pecho.

Adela Ferrer, Bogotá 2014.

(Domingo, 21 de septiembre de 2014, 12’36h. ‘El Ventorrillo’, La Candelaria, Bogotá, Colombia).

 

PREPÁRAME EL MAR

Prepárame el mar, el sol y la roca, el otoño en Mallorca.
Prepárame la lluvia, y el cielo y los olivos.
En esta primavera de invierno que tanto amo,
refréscame el ambiente para que regrese ligera.
El claroscuro de la encina me acoge, volátil, el ánima,
el olor a pino mediterráneo, a higuera.
Los almendros esperan con el enebro,
otros en terreno salobre.
Yo ya llego.
Mañana es pronto.
Pasado ya sueño realidades.
Prepárame el mar.
Prepárame el mar.
El mar.

Texto: ‘El Ventorrillo’, La Candelaria, Bogotá, 29 de septiembre de 2014, 18’01h.

 

PSIQUE AVENTURERA

Saliendo de una me meto en otra. Piso charcos constantemente. Me mojo los calcetines, me mancho la falda. Estornudo al día siguiente. Algo me dice que, a pesar de luego pasar frío y estar incómoda, debo meter los pies y buscar la reacción tras la pausa, a posteriori. Acción-reacción. Causa-efecto. En el medio, multitud de pensamientos errantes, sin dueño, de psique aventurada y aventurera.

Texto: Apto. 3, Los Andes, La Candelaria, Bogotá., 4 de octubre de 2014, 18’12h.

 

LO AUSENTE

Te me deslizas por entre los dedos.
Te me deslizas.
Sucumbe al abismo la pausa quebrada
que camina por entre barrotes de olvido.
Tú en el desierto de tus pensamientos,
absortos ahora entre ramajes del obscuro siniestro.
No detengas el momento de la duda.
No te me detengas.
Quizá con el rostro de la aurora
tus piernas sigan sosteniéndote
para volcarte en el día a día de la dicha de los pasos.
No me toques. Estoy con la hormona.
No me digas. Soy vaga escucha.
No.
Lo ausente
es ahora lo que prima.

Texto: El Ventorrillo, Apto. 1, La Candelaria, Bogotá, 1 de octubre de 2014, 19’23h.


SIEMPRE ESTOY LLEGANDO

Siempre estoy llegando,
o eso dicen mis pies, salga o entre,
de veredas, callejones y campos, mares y entrañas.
En vidrieras que rebosan libros miro mi silueta,
y mi pelo lazo al viento en mañana de domingo,
entre cielos ganados y bajos perdidos.
La arena que la vida se lleva,
el tiempo en el paso.
Existe el cero.
Y el todo en el todo.
Luces de neón, baile de noche,
marcha temprana y lejano movimiento.
Nada muere, las transformaciones se suceden.
Un bandoneón que gime escalofrío,
un violín, que manso, busca notas caídas.
Recuerdo.
Platos vacíos tras hacer barquitos con la salsa de la abuela,
manteles de cuadros en tascas de madera grasienta,
tardes y lunas urbanas.
Nada muere,
todo queda suspendido en un péndulo que vive de suspiros.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 21 de septiembre de 2014, 9’35h.


NICOTINA DEL DESVARÍO

Hoy no siento el cabaret por mis venas. Ni el jazz, ni la canción de autor con su decir sensible. Oigo sólo el estruendo de los buses azules por la 26C. El semáforo en rojo delimita mis sentidos. Qué pasen los carros y dejen la ciudad vacía, para que pueda guarecerme en el instinto. Necesito verde sin polución. El rocío sin el quebranto de la ciudad. La soledad aprieta. No hay antesala de la creación. Ni la especulación de los matices. Baila, baila conmigo luna, que ahora nadie puede mirar, porque están absortos en el caos. Hasta los perros caminan tristes. Ni las luces de los luminosos centellean. Quiero una ciudad sin márgenes, sin delimitar la estancia del ciudadano. El primer pitillo de la noche me ha descolocado. Me ha consumido la nicotina del desvarío. Otro SITP Urbano. Azul, pero no de mar. Anda, pasa y vete. Deja que sucedan mis pensamientos libres por Bogotá, que no tengo la sal.

Texto: Librería Luvina, Bogotá, 17 de septiembre de 2014, 20’01h.


BRINDARLE LA MONTERA A LA NOCHE

Desde un punto alto de la ciudad, circulando por la circunvalar hacia Chapinero, a la altura de la 53, se divisa la puesta de sol. Los cambios en la tez del cielo y el traje de luces que hoy viste Bogotá. Ella hoy es él, e irrumpe en la plaza con un bermellón bordado en oro y ribetes ocre. Es sobrio y cauteloso, elegante en sus formas y de destellos cubierto. Espera de medio lado a bailar el capote y brindarle la montera a la noche. Paseíllo de manoletinas en la arena. No hay sangre, sino viento, y el mar del otro rincón del país, se manifiesta hoy en la bóveda celeste. Nubes vaporosas, juguetonas, etérea sonrisa del momento, sublime movimiento de la gloriosa esfera. Mundo del silencio. Ingrávido sentimiento de pausa. Intervalo del respiro.

Texto: 15 de septiembre de 2014, 18’33h., por la circunvalar a la altura de la 53, Bogotá.


DIOS DEL MILAGRO, EL DE LAS SOMBRAS

Caminar sorteando papeles, mierdas, perros e indigentes no es de lo mejor, pero tiene su gracia. Las calles están desiertas. Me aconsejan que coja un taxi. Pero no. Quiero caminar. Vagabundear. Parsimonia al anochecer del alba en el negro noctámbulo. La inercia de los pasos. Pasos. Pasos. Pasos. Te persiguen tus pasos. Que me sigan, a ver si pueden alcanzarme. Prendo un pitillo. Me sabe a gloria. Madre santísima la de la calle. Dios del milagro, el de las sombras. Yo. Yo y más yo. Una rosa. Tú en un momento, trasladado a un movimiento. Reconozco la ciudad. Sigo en mi constante. Eternidad en el futuro, que no espera, aprieta. Siguen pasando los pasos. Gente. Versos. Pausa. Un sinfín de camino. Alguien espera en la esquina. No eres tú. Quizá en apariencia tu karma. Otra calada. Humo. Humo que se junta con el de los carros. Vacile de la mente. Otra pausa. Pasos quietos. Pausa viva. Silencio.

Texto: caminando por la Carrera 2 entre Calle 12 y 11, La Candelaria, Bogotá, 10 de septiembre de 2014, 21’47h.


EL CIELO SE LO DEJO A OTROS

Hay palabras blancas que se suspenden en un hilo imaginario que da vuelta al universo. Dime. No calles la palabra, ni la excusa. No tiembles. No temas. No calles. Gira la esquina un suspiro que conlleva un anhelo prendido, un deseo que vira y envuelve la noche. Hoy Bogotá es mi mundo, mi día, mi suelo. El cielo se lo dejo a otros. Hoy me toca tocar tierra firme. Mis manos. Manchadas de tinta. Un dibujo al costado. Una mirada al fondo de la sala. Vuelve Luvina y su magia. No, no sólo es magia, son los libros.

Texto: Librería Luvina, Bogotá, 10 de septiembre de 2013, 19’46h.


VOLVERÉ CON EL LEVANTE

Vuelo. A ras de mar. Soy cormorán. Me adentro. Ahora alga. Voltean mis curvas como serpentinas entre burbujas tornasoladas. Juego. Cojo velocidad. Cambio de sentido. Paro en seco. Asciendo a la superficie para tomar aire. Salgo, y la luz del sol me templa la esencia. Mis pies en la roca. Me pertenezco. El rostro cara al viento tendido. Me dejo. Los brazos no pesan. Son vacío. Los pies adaptados a la piedra puntiaguda. Miro alrededor. Paz de septiembre. Luz blanquecina. Un velero marchando al poniente. Lo sigo con la mirada. Vuelvo al mar, quiero acompañar su estela y ver como rompe el oxígeno entre mi piel. Patino entre la marea. Me pierdo. No vengáis a buscarme. Volveré con el levante.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 8 de septiembre de 2014, 9’48h.


AMARÁS AL MAR SOBRE TODAS LAS COSAS

Mi principal ‘destino turístico’ para perder la brújula del pensamiento es el mar, más allá de la tierra, los montes o las dehesas. No lo hablo como un lugar de agua, más bien un rincón de ánima. Ser agua en la noche. Ser agua en el día. Ser rayo oblicuo en el horizonte. Ser agua en sus gotas. Soñar agua. La palabra agua me transporta a lugares recónditos y olvidados, ilimitados, sin márgenes ni estampas, sin perfiles, sin cuadrículas ni renglones. Es la inmensidad en sí misma, la quietud y la tormenta, la pausa y el seguimiento. El mar aborda la vida. Calafatea la pena. Ciñe el desequilibrio. Ancora la desilusión. Apareja las causas. Aproa la existencia. Cuando veo mar respiro el abierto. Cuando leo mar, mi cabeza se larga. Se sueltan las neuronas, para volver a recogerse en un punto de escarcha, que se reconoce en la mirada del ‘sinfondo’. Oigo bahía y bailan velas como campanillas. Crujen maderas y salgo a flote. Siento naufragio y no compito con el viento. Incluso ser fuego y aire me lleva al mar. Mar en las manos, mar en la mirada, agua y más mar. Luego, no existo sin él. No canto sin llevarlo puesto. El mar es todas las cosas. Sensación de mar cayendo por el corazón.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 3 de septiembre de 2014, 11’16h.


LAS HOJAS EN BLANCO ME TUTEAN

Luce el sol por los tragaluces de mi guarida. Los pasos quedan quietos observando el camino por recorrer, que ya no es abismo, sino senda libre. El café humeante me despierta con un beso de aroma a Colombia y las páginas en blanco me tutean. Parece que los gritos silenciosos del ‘no me piséis’ de las hormigas han hecho reaccionar al mundo, que con metralla como argumento intenta imponerse. Pero no da resultado. A la larga, apremia con suavidad el respeto, el trabajo consciente y la constancia. No se esfumaron, quizá estaban camuflados en esta selva de asfalto que arranca sinsabores, pero que cuando la caminas con paso firme, te conduce donde toca estar en el momento de los momentos. Día de azules combinados con aire fresco. Hoy podría ver el mar en cualquier rincón de Bogotá. E incluso sentiría la sal en mi piel. Basta con pensarlo en pequeño, es suficiente con tomarlo ligero. Él mismo te nombra.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 30 de agosto de 2014, 10’42h.


TIROTEO DE VANIDADES

Habla el lenguaje de la noche.
Cristal opaco
que tan sólo deja entrever el alarido en un fulgor difuminado.
Pájaros desalmados atendiendo los sueños de hollín.
Noviembre sucumbe al negro.
Poniente olvidó la llama,
y los tintes del amanecer fueron ayer severo abandono.
Garganta anudada con una flor de niebla espesa.
Recojo cosas que dejé olvidadas en una maleta junto a un árbol de otoño silencioso.
Huérfanas sus ramas, se olvidan al viento.
Hojas que vuelan por el piso inerte de pasos perdidos.
Yo jugando con la luna en la lejanía medida.
Tiroteo de vanidades que intento esquivar.
Pozo sin agua, sonido vacío.
Pies descalzos en mi patria en ruinas.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 27 de agosto de 2014, 8’37h.

 

MÁS ALLÁ DEL LÍMITE DE LOS SENTIDOS

Hoy, las gotas de lluvia, como cristales punzantes,
son una escalera de caracol al cielo, al entendimiento.
Magnánimo camino que recorre verdades,
instantes de menos aliento por la subida.
No temo al misterio de la alquimia del sentimiento
puesto en palabras y llevado en versos,
porque es camino a la reflexión,
al no creer en aquel que habla de certezas
sin conocer siquiera el olor de su nombre.
Voy a asomarme a esa ventana
que lleva 37 años en el paso de mis sueños,
para ver llegar de lejos a la música, que jamás se fue.
Te respiro.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 25 de agosto de 2014, 10’32h.


EL EQUILIBRIO DEL CAOS

Se sostiene la vida en un movimiento quieto. Péndulo muerto. Pasan horas con relojes descolgados en fachadas solitarias. Un palomo gris manchado de humo asfixiante. Abandonado el aire, se transmiten los motivos por la piel. Únicamente por la piel. La entraña surge de lleno en cajones carcomidos. Y las sombras vagan siniestras en un compás sincopado. Pero no, no quiero. No me dejo. No abandono la esperanza. No niego la luz. Ni las nubes ni la lluvia me confunden. La soledad no quema. Si me olvido, es para respirar.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 20 de agosto de 2014, 7’42h.

 

LUVINA

Hay alguien que sigue la trayectoria de mi esfero en la mesa de al lado, en la librería Luvina. Un sábado 16 de agosto a las 15’51h., en la Calle 16C con Carrera 5, del barrio de La Macarena. Hace sol. Estoy en la segunda Monserrate roja, y el Tequendama asoma frente a mí en dos mitades simétricas. Aquí, el ritmo de la calle se sosiega, e incluso se para tras los cristales, cuando el sol calienta tanto mi piel que creo que estoy en las rocas de Bendinat. Alguien con casco en una bici, una cámara antigua colgada en bandolera en el torso de un suizo residente. Su novia me mira mal, aunque yo sólo he puesto mis ojos en su dispositivo. Ella no vive aquí. Él ya tiene deje bogotano. Lleva gafas redondas minúsculas, que a duras penas tapan el contorno de sus ojos. Debe de ser el día de los suizos, los belgas y los alemanes. No veo trenzas endrinas, ni caras de aire indígena, ni mochilas guayús. Hoy esto parece Berlín, o Amsterdam, o Madrid. El semáforo sigue en rojo, los coches se detienen en un intento de escuchar las reglas, pero siguen presionando el acelerador. Mas no oigo el ruido de los motores. ‘Amazing’. Carlos debe tener un pacto con la ciudad. ‘Tus noches por mis mediodías’. Sigue sonando el mismo disco de The Beatles. Strawberry Fields Forever. Ha aparecido un chico con una jaula de gato. Parece ser escritor. Lo leva puesto en la mirada y en las manos. Y sus canas recuerdan a las páginas de un libro muy hojeado y releído. Ha girado la esquina. Se ha perdido en un horizonte de letras.

Texto: Librería Luvina, en una mesa al sol tras el cristal, 16 de agosto de 2014, 15’51h.

 

CEDERLE MIS OJOS A LAS SOMBRAS

Hay dos hilitos que me toman las comisuras de los labios y me hacen sonreír. Hoy he dejado de lado el luto de asfalto y caminado como por cualquier ciudad. He organizado mis pensamientos. Ha habido azul y verde y blanco. Hubo destellos silenciosos que amparaban mi caminar. Me gusta tropezar con las sombras, incluso viéndolas venir. Me topo con sus brazos, su lengua, sus dedos, y les doy por un rato mis ojos, para que vean por dónde seguir. Entonces, yo vuelo a ser yo y el humo de mi pitillo sabe a menta.

Texto: en La Aldea, Bogotá, 14 de agosto de 2014, 20’54h.


PARQUEADERO 24 HORAS

Aparco el pensamiento. Paro motores y reanudo el silencio. -No estoy para nadie-. Hoy no quiero comprender, ni identificarme, ni respirar al compás. Siento sin sentir. –Sí, sólo así-. Quiero ser plana, estar vacía, no comprometida con el semáforo de la vida. Quiero el blanco en la nada. Ser un todo revuelto y no concretar. Suena Silvio y su ‘Cualquier mañana’ del 69 en Café Cinema. Hora de birra y conversación con ojos que comparten sin querer queriendo.

Texto: Café Cinema, Bogotá, 4 de agosto de 2014, 21’38h.


GOTEO

Por la garganta se desliza el trago.
Estremece mis venas,
como la noticia de domingo que derrama sangre inocente.
El vino navega con velas henchidas,
abierto lecho de la ofrenda,
para recibir al traficante de noches y mediodías.
Jornadas enteras gravitando en torno a mi sed.
Mientras, el silencio cicatriza las heridas,
harapos de la memoria,
zurcidos de la historia.
Toco fondo en la madrugada.
La sonrisa sarcástica del mantel y el mundo que se desploma.
Llamo a gritos cerrados a la luna que gotea.
Gotea, gotea.
Goteo.
Aquella mañana fui vestida de gaviota.
Era rocío de romero mi aliento.
Mi cuerpo, melodía hecha de frutas.
Aquella mañana.

Texto: La Candelaria, 10 de agosto de 2014, 13’33h.


PÉRDIDA BUSCADA

Café San Moritz siempre me sorprende, siempre me deja suelta, como exactamente ahora, que suena ‘Devuélveme el rosario de mi madre’ en la voz de María Dolores Pradera. En el clásico San Moritz retomo mis momentos, mi pensamiento, mis alas, mi transparencia. No me interesa la multitud. Hoy por suerte ni la siento. No va en mi paso. Se ha parado a conciencia la cuerda de mi reloj. El latido es silencioso, tenue murmullo de un eco.

Simplemente un e c o

Cuatro mesas más allá, hay un personaje con sobrero panamá, de paja-toquilla, al que no le he podido ver los ojos todavía. Sí sus manos y las quince cervezas que yacen vacías sobre el tablero, solitarias en su sombra y su penar. No hay rincón que tenga desperdicio. Todo son imágenes del desamparo, de la soledad, del inconformismo, de la lucha, de la verdad, del corazón inquieto, de la autenticidad. El tipo de mi izquierda se sabe todos los corridos que están sonando, también los boleros. Vacila en su son. Está feliz de sentirse desdichado. Yo me siento dichosa de estar sola, quieta de pies, de voz y escribiendo mientras tomo en mi pérdida buscada. Acabo de ver el rostro del personaje del sombrero. Sus ojos son un abismo.

Texto: Café San Moritz, Bogotá, 8 de agosto de 2014, 20’16h.

CALIDOSCOPIO DEL SILENCIO

Un mar de siete colores atraviesa mis dedos.
Luz blanquecina en el recuerdo.
Las 20’56h. en tu puesta de sol.
No pretendí olvidarte. Ni cambió mi pasión por tus teclas.
Blanco y negro fundido en el cromatismo.
Espiral de calidoscopio en un silencio, que nada tiene que ver con la mansedad.
Compromiso bravo con la pausa.
Otro colibrí que baila con las flores amarillas del abutilón frente a mis ojos.
El piano desatado y preparado para caminar lejano.
Todo está quieto.
Las manecillas ajenas al recorrido.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 7 de agosto de 2014, 11’57h.

DESAYUNAR BUSETA

No sé qué paquete prefiero, si un bulto de 4 dimensiones yo, que milagrosamente cabe por la puerta trasera de la minúscula buseta verde, o el del señor que intenta rozarse contra mi hombro con el pantalón mugriento. Son las 8’19h. de la mañana de un no cualquiera 29 de julio de 2014 en la capital esta, que me sacude constantemente en un vai-vén de te quiero-te odio-te odio-te quiero-te odio-me tienes cansada. Ahora, lo que roza mi cara es un morral gris y granate con no sé qué dentro, pero duro. Odio desayunar buseta en vez de café y croissant. Prefiero el francés al beso negro de la buseta por la 7ª.

Texto: en la buseta dirección norte por la 7ª, 29 de julio de 2014, 8’19h.

 

VERRACOS SONIDOS DE LA CIUDAD

Por qué no manchar hojas con ideas no tan lúcidas. Necesito expansión, la música que suena sin notas, los silencios de la mañana dentro del ruido de la vida capital, la suma de la nada en aquella marea brava. Suena Jorge Velosa en la buseta, a manos, voz y guitarra de un ‘sin nombre’ que subió a ganarse el pan. Verracos sonidos de la ciudad, agua dulce de manantial boyacense desplazado. Veo a toda la gente que completa los asientos a través del cristal de la cabina del conductor. Dejadme vivir en paz en el vacío de mi libreta. La ventanilla. Mi pelo se mece al son. Marchan ideas hacia el occidente bogotano. ¿Llegarán o se desvanecerán cabalgando entre la humareda?

Texto: por la Carrera 7ª a la altura de la Calle 51, 19 de julio de 2014, 13’45h.
LEJOS

Ese deslizarse en el sueño con los ojos abiertos,
cuando el pájaro del amanecer descarga sus alas en la luz temprana.
Canto con voz de lluvia al tiempo cercado de horas,
propongo en el clamar de la nube que cose el cielo de la ciudad,
un duelo a favor del sol, del rayo que inunda la calma,
y los ojos, y las manos, y el respirar abierto y pausado.
Lejos, el mar deletrea el olor de la sal y el yodo.
Lejos, la estampa de la vendimia, del olivo y el algarrobo.
Lejos, en un océano de distancia vaga.
Lejos.
Y escalando en los muros de la tarde,
me columpiaré en el verano que no llevo puesto,
viendo crecer el rostro de las Islas.
Pido la palabra.
Que me escuche el viento y meza mis deseos,
que chispean grises en este asfalto.
Que me lleve, que me ría, que me ciña en sus versos.
Que me haga diálogo de luz.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 23 de julio de 2014, 10’27h.


TECHO, COBIJA Y HARINA

Basura. Tu turno. Un rayo de soledad. Sensación térmica de 15 grados. Izquierda, derecha, izquierda. Retírese, por favor. Una mirada perdida.

La calle se convierte en jungla del reciclaje. Pesan por pocos pesos. Manos sucias de rebuscar entre basura como carroñeros del desespero y el pan. Despojos del consumismo humano que sacian familias y hogares. Mientras, en algunas casas, la injusticia se hace política. Aprieta la necesidad. Bocas que alimentar. Techo, cobija y harina. ¿Qué nos darán mañana, por cuatro cartones y un celular desplumado?

Texto: los recicladores de la Carrera 14 con Calle 25, Bogotá. 17 de julio de 2014, 19’19h.

 

SORBER EL AZUL

Cadena humana de pasos, escalones, pesos, manos y pagos. Como corderos pasando por la registradora de la buseta, entre tirón y estirón de primera y segunda marcha. Punto muerto en la mañana que arranca robándole la luna a la noche. Cambios que llenan la ciudad de dióxidos y grises, de telones de carbono volátil. Las 6’30h. en la Jiménez. Las 6’39h. en la 7ª con 19. Camino al barrio de Santa Paula. 16 cuadras que se pierden en mi mirada. Quién espera a lo lejos. Yo sólo quiero hablar con el mar. Descubrir escamas de sal en mi piel. Comerme el horizonte. Sorber el azul. Mientras, aquí llueve, y al sol no le da por brillar. No importan las nubes si tus ojos están abiertos. No incumbe el viento si te resguardas del miedo. Nada es nada sin ti.

Texto: en la buseta, entre la 7ª y casa en La Candelaria, Bogotá, 9-10 de julio de 2014.

 

EL CASO ES LLEGAR

Algo tiene de libertad la lluvia que está cayendo. Son como minúsculas virutas de agua viva mecidas por viento tenue que llega desde los cerros. Hoy el barrio es lento y está vacío. Qué bueno el fútbol, que me deja tranquila y a solas, junto a adoquines y cuestas pronunciadas que esperan a ser descifradas entre caminares y visiones. Paso tras paso, traspaso historia. Hoy me siento parte de acá. Nada me es desconocido. Nada está exento de recuerdo. La memoria fluye vaga, pero suelta. No tengo prisa. No me espera nadie. Ni nada. Simplemente voy llegando.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 24 de junio de 2014.

 

CERO TRAS EL CRISTAL

Dónde está el silencio.
Dónde la pausa.
Dónde la soledad de la mirada.
Hay un cero tras el cristal.
Gotas de lluvia que atraviesan destinos,
resbalando como la vida.
Acaece la noche en Bogotá.

Texto: 5 de junio de 2014, La Candelaria, Bogotá, 7’38h.

 

PRIMERAS LÁGRIMAS MANCHADAS DE SANGRE

Recordar a veces es doloroso. Saltan quiebros del alma y el vacío supera cualquier tipo de obscuro. Fuego cruzado de sentimientos. No he podido evitar estremecerme, mimetizarme, e incluso ampararme en algún motivo religioso proyectado hacia la fe. Las voces se me aparecen como ríos rojos de sangre. La pausa no existe. El verde es ahora gris. Sus miradas perdidas en la nada. Sus suspiros, de quebranto amargo. Sus manos, ganchos de acero. Entre gallos, pavos y tierra fértil, lulos y café, olor a sancocho y cilantro, la vida continúa. Se intenta sonreír amable ante la desdicha, se afanan en caminar como si nada les pesara, botan la desidia. Pero brota el desamparo como fuente inerte. Qué decirles para acompañarlas. O mejor callar y coger sus manos, acariciar sus rostros, agarrar firmemente sus hombros. Estoy ahí, con vosotras, para vosotras. Soy blanca, y vengo de otras tierras que, comparado con esto, son el paraíso. Cómo podría quejarme ahora. Por qué debería llorar y compadecerme de mí. No sería justo. No sería humano. Os comparto. Ojalá la balanza se incline hacia la luz.

Texto: Municipio de La Palma-Provincia de Río Negro/Departamento de Cundinamarca, Colombia, 27 y 28 de mayo de 2014.

*Sentimiento tras las primeras dos entrevistas realizadas para el proyecto del libro de crónicas de mujeres atravesadas de lleno por el conflicto armado colombiano.

 

TRAJÍN DE DESCONOCIDOS

Sigo, allá donde vaya, sentándome al sol en los bancos de las plazas y recovecos de la ciudad. Ahora Bogotá, pero en mi mente otras, como Valencia, Madrid, Ibiza, Barcelona, Sevilla o la mía propia, Palma. No hay mucha diferencia porque yo soy la misma. Amante del calor y de la pausa, del respiro, del balance del día, de la compañía en soledad, del trajín, de las caras desconocidas, de los dobles que uno tiene en cada ciudad. Siempre hay rostros que se asemejan a aquel, aquella otra o el de más allá, incluso a ti o al primo ese que apenas conociste en la niñez. La ciudad es a ratos parte de la familia, cociente del tiempo, tracción de las manecillas de tu existencia. Cuando escribo absorta o me cuelgo en un pensamiento mirando el árbol o la fachada de enfrente, siempre hay alguien que se ha parado a observarme. Yo hago como que no le veo y dejo que piense o imagine lo que quiera, crearse una historia sobre mí, mi rubio, mis piernas o mis manos. Alguno me habla en inglés o pregunta algo en plan ‘indio’ en francés e incluso en ruso. Yo, o callo o contesto en acento andaluz próximo al de la Línea de la Concepción para que pongan pie a su marcha.

Texto: Plaza del Rosario, Bogotá, frente al Café Pasaje, 3 de mayo de 2014, 16’07h.

 

BOGOTÁ ENTRE FRENAZOS Y ASFALTO

A veces viene bien un gran trancón por las calles de Bogotá. Resulta que la mente se suelta y los ojos observan las cosas y a la gente con pausa y parsimonia. El tiempo se para entre frenazo y frenazo, entre bocina y bocina, entre semáforos y asfalto, en un día 21 de este mes de mayo lluvioso. ‘On the run’, ‘Galería 15’, ‘Seguros del Estado’. 3 meses. Ya reconozco las esquinas, incluso algunos baches. La buseta zigzaguea por la carrera. Este movimiento llega a encandilar. Te sacude la entraña. Queda menos para llegar a casa. El barrio se me aparece entre humo y recuerdos. Vuelvo. Sigo en el colectivo negro y destartalado, como salido de un cómic. Gajos sueltos de mis días los paso aquí, de pie o sentada, apretujada casi siempre, mirando por las ventanillas con los ojos como platos para seguir descubriendo la ciudad. Bogotá jamás se acaba.

Texto: en la buseta, a la altura de la Carrera 7ª con Calle 64, Bogotá, 21 de mayo de 2014, a las 21’06h.


RESPONDE EL MUNDO

Tengo las piernas agotadas de callejear cuadra tras cuadra, carrera tras carrera, por toda la ciudad. Como por arte de magia encuentro los lugares indicados, los buscados y los que aparecen en el camino, puestos a mi paso. Tiemblan las manecillas. Arrancan nuevas perspectivas de la capital. Me fundo con la masa, con el humo, con la dicha del errante, de ser uno más en el proceso de estar vivo. Buscavidas de ocasión. Charlatana para colocar mis propuestas. Resulta gracioso verme en esta situación de nuevo en otra ciudad, y a estas alturas. Ha llovido, ha hecho sol, algo de viento a ratos. Sonreía y paseaba dichosa, abierta al cambio, compuesta y con reclamo. Funciona. Sí, funciona. Cuando desprendes luz todo sucede. Cuando no llevas el miedo preso, responde el mundo.

Texto: en ‘El Barrio’, La Soledad, Bogotá, 6 de mayo de 2014, a las 19’49h.


HEDONISMO EN CLAVE DE SOLO

Cómo me olvido de todo lo inerte del camino cuando atiendo a buena música. Deleite de los dioses. Hedonismo en estado puro. Ritmos que me trasladan a Brasil, al Magreb, a Andalucía, a Colombia, e incluso al Mar cristalino. Mezcla de consonancia y experimento, de distancias abismales que en el transcurso quedan unidas. Sonrío. Sueño y paro la mente. Me dejo sorprender por una voz de caricia rodeada de destello armónico. Onda periódica en banda de alma. Swing incorporado a las venas. Ellos vuelan. Me arrancan la pena, me brota la magia y el idioma neutro, la tranquilidad, la pausa, el respiro, mi yo más profundo y auténtico, el que relaja y observa, el que concede tregua ante las cascadas y rápidos del destino.

Texto: escuchando a ‘Solo’, Sebastián Valencia y banda en Bolón de Verde, La Candelaria, Bogotá, 26 de abril de 2014, 21’31h.

 

LIBROS MERLÍN

Entre libros y silencio, escondida de la multitud y el bullicio, piso de madera que cruje al pasear, intensamente asombrada y casi petrificada por lo que siento al recorrer con la vista los miles y cientos de miles de libros de este recogido hogar del papel, escondite de paz. Casa de libros, cocina de almas. Pergamino con olor a historia. Microclima literal, poética de la palabra, arte vital. Cada paso que me sostiene me adentra, más y más, al interno de la entraña. He encontrado una silla junto a una de las ventanas que dan a la calle 15. Ha sido absolutamente necesario que me sentara para poder asimilar y volver a respirar tras un parón en el tiempo. Me caen lágrimas con olor a hoja ambarina.

Texto: Libros Merlín, Carrera 8A Nº 15-70, Bogotá, 30 de abril de 2014, 13’15h.


FIORITURA DE ÁNGELES Y BELLEZA

Ángeles inversos, como reflejados en el agua de un estante quieto y silencioso. Sonidos que vuelan como mariposas en la primavera que llega temprana y despierta entre marzo y abril. El sol tenue del patio del Teatro Libre calienta mi rostro, mis brazos, mis manos. Sola con el empedrado y el ciprés in memoriam de Efraín Roberto Dara Ramírez. Prefiero no pensar en política. La música te eleva a estratos superiores. En vez de a Wikipedia, voy a la imaginación. Suena la señal que da paso a la segunda parte del concierto. Marcho corriendo hacia un infinito barroco.

Texto: Teatro Libre, La Candelaria, Bogotá, 20 de abril de 2014, 16’07h. durante la interpretación de Música Fiorita, por el sexteto dirigido por Daniela Dolci.


ALIENTO CALLADO

Me basta el silencio para comprender. Los pensamientos se expanden por entre murmullos de aliento callado. Dentro. Vibra la quietud mientras espero. Camino. Camino hacia un encuentro en sueños. Tu mano.

Texto: ‘El Ventorrillo’, La Candelaria, Bogotá, 19 de abril de 2014, 11’08h.

 

OCRE, MIEL Y JADE

Hoy soñé que se me acababa esta libreta. Las hojas volaban con un viento otoñal hacia campos inundados en ocre, miel y jade. Fuego en algunas ramas, azafrán en otras, que jugaban juntas a balancearse, zalameras ellas con mi mirada atenta y complaciente. Revoloteaban destellos por todas partes, planeaban por el piso y provocaban en él un movimiento de cuna, balanceándose en el paisaje. Desperté. Mi mano escribía sola y los olores estaban prendidos de las sábanas.

Buen vuelo, Gabo.

Texto: ‘El Ventorrillo’, La Candelaria, Bogotá, 18 de abril de 2014, 10’33h.

 

LÁPIZ QUE NO CESA

El estante medio vacío. Pimienta, aceite, café soluble. La madera colgando de la balda, desde un clavito en la escuadra derecha que lo sostiene a la pared. Se balancea. Las aguas de las baldosas me distraen. Recorro con la vista cada detalle. Las cortinas, la estantería, las flores ya marchitas, una acuarela verde que quedó allá, secándose. Ella ya es parte de mi paisaje y de mi despertar. Sigue lloviendo o ya ha parado. Da lo mismo. El gris permanece igual. Pasa un coche y mis ojos se van para otro lado. El piano. Los pies de mi cama son musicales. Bombillas apagadas en ese rincón. Dejo que la poca luz de este día color alita de mosca se filtre por los cristales y los dos tragaluces. Se amplía la mente cuando oigo caminar al gato por la uralita. Una buseta cruza la cuarta. Reconozco el sonido por la dirección de las calles del barrio. ¿Dónde se dirigirá? ¿Será roja? ¿Habrán siete personas sentadas, soportando el zumbido de su motor y oliendo la peste de sus gases? Sigo tumbada. Voy a arrancar la mañana con las manos en las teclas cuando suelte este lápiz que no cesa hoy de recorrer la hoja y su dinámica de hablar conmigo. Las 8’47h.

Texto: Casa Barco, ‘El Ventorrillo’, La Candelaria, Bogotá, 17 de abril de 2014, 8’37h.


MÁS ALLÁ

El gato me mira desde el escalón de la reja verde. Brillan sus ojos en la mañana oscura, de grises y restos de lluvia. Las 6’47h. Sentada en el escritorio y esperando que algo suceda más allá. Habrán unos brazos que me atrapen. Más allá. Unos ojos que me hablen. Más allá. Un más allá cercano, de deseo y manto, de cobijo y estela. Prendo una vela y un incienso. Quemo romero. Beso el día que despierta. Pero tus manos no llegan. Más allá. Un lugar, un paso caminando, una voz amiga. Solitaria estancia de silla, cama y calle. Instinto despierto al descubrimiento. Compañía y soledad. Más soledad. Escucho tu rastro. Me ilumina. Persigo tu sombra. Vuelvo a estar sola. Era la imaginación. Dime que no es cierto. Que nada es cierto y que me oyes.

Texto: El Ventorrillo, La Candelaria, 15 de abril de 2014, a las 6’47h.


LO QUE OCURRA AHORA ES MISTERIO

Sentada frente a mi puerta, en el patio de la casa, mi cabeza, ladeada, sigue el rumbo del viento. Comienza a soplar Norte, tímido despertar del aire tras los cerros. Cielo rosa y malva que traslada al fuego. Verde de hojas que recuerdan mariposas abiertas al vuelo. Flores granas que desperezan pasiones. Sola frente a la nada, vacío la entraña para dar paso al silencio. Entonces todo vuela. Yo con el todo. Mi ojos entornados se relajan al día pasado. Mañana está por venir. Se verá. Lo que ocurra es ahora misterio.

Texto: ‘El Ventorrillo’, La Candelaria, Bogotá, 8 de abril de 2014, a las 23’25h.

 

REGRESO VIRTUAL

Entonces pensé que paseaba por tus calles.

Texto: 5 de abril de 2014, 1’47h. ‘El Ventorrillo’, La Candelaria, Bogotá.


Y TODOS VOLANDO…

Aquí en Bogotá no hay estaciones, pero el mismo día pasas por todas. Mas no cambian las flores. No ves cómo se mecen en ansias por brotar. Parece que siempre estuvieran ahí, quietas. Amanece sobre las 6h. Nubes, nubarrones, un rayito ocre, calor, más calor, alguna nube perdida que tapa el sol, viento, para el viento, se tapa, vuelve el sol, y anochece sobre las 18’00h.… 18’03h, 18’04h. Noche cerrada a las 18’38h. 12 escasas hora de luz y unos minutos sueltos. Absolutamente todos los días. Polución, basura, indigencia, miseria, pedacitos de historia, color, sabores, olores a fritanga, gente que te habla en inglés, taxis que te intentan robar en la carrera porque eres rubiales, y tú que les contestas que de dónde piensa que son mis padres, pues que como los suyos, otros más en esta vorágine de mundo y que vivo aquí… que me sé el camino más corto para llegar a destino. Gente bastante impresentable, como en casi todos lados; dicen que sí, que todo bien, y listo, y es que no. Y yo, españolita de turno, que me enzarzo en una lucha conmigo misma. Y te llevas sorpresas no muy agradables. Y otras muy, muy absorbentes y magníficas y de sonrisas. Total, que un caos. Cuéntame tú, de M….y de ti…de J…, de tu mami. Me añoro mucho a ratos. Me vienen imágenes. Ojos. Otros nada, porque no tengo tiempo a respirar. Y menos pensar en …pobre Adelita…qué carajo hago aquí. Pero me encanta. Es todo el rato apasionante. Y a otros, la ciudad se burla de ti. Entonces es cuando vuelve a amanecer, y canta algún pájaro mañanero desconocido, y medio afónico por el gas de las busetas de la 10ª. Luego arranca el día, que es interminable y la jornada totalmente llena de quehaceres, y si no los tienes, te los buscas y aparecen otros. Es pues, cuando nadie te ve, que sacas la cámara de fotografiar y le das compulsivamente al zoom, que no te responde, porque igualmente, mejor no hacer nada ante la parsimonia de la capital. Tú ya formas parte de ella, de su estilo, de sus gentes, porque caminas por las sendas que a todos nos conducen a destino, que es disfrutar y caminar lento, parando a observar y a charlar con la primera escultura que te cruzas en algún parque de todos para todo y de nada sin nadie. Tú estás en sus plazas, en sus aceras, en sus arcenes, en sus baches, en su derrumbe, en su injusticia, en su soltura, en su sonrisa abierta, en sus guiños que te miran inquietos. La ciudad también eres tú. Y ahora mismo, sin luz en La Candelaria, como casi toda la tarde. Ahora viene, ahora se va. Se vuelve a ir. También vuela. Y tú te despides del día, te fumas un pitillo y olvidas, para poder volver a empezar. Cada día amanece y luce el sol en tus ojos. En los suyos. En los de todos. Allá también. Seguro.

Texto: 1 de abril de 2014, 19’12h. ‘El Ventorrillo’, La Candelaria, Bogotá. En memoria del escultor Jorge Olave.

 

RINCÓN RECLAMO

Pienso que este rincón se va a repetir y multiplicar en mis días de soledad buscada y paseos. Será mi amparo, mi blanco. Mi parón. El Museo de Arte del Banco de la República, en La Candelaria. Y dentro de él, el Museo Botero, fuerza y decisión para el reclamo y la acogida. Hoy luce el sol más que ningún día en este mes de estancia extenuante en Bogotá. Me ciega los ojos, me transporta, me da una luz de calma y vigor contradictoria. Estoy en uno de los patios que se suceden entre los distintos edificios y comunican las salas. Concretamente en la luneta que da al restaurante café ‘La Manzana’. Sillas de aluminio sueltas al sol que no pertenecen a nadie. No tienes que consumir para sentarte a observar y descansar. A estar contigo, en comparsa con tu silencio. Me levanto y lo comparto.

Texto: Museo Botero, La Candelaria, Bogotá, 27 de marzo de 2014, a las 13’09h.

 

CO2 PARA ALMORZAR

Todo es tan intenso que a duras penas puedo respirar. Contengo el aire y cierro los ojos por un momento. Huelo a gases de busetas y motocicletas que recorren la avenida que conduce al Sur, y que me llenan de CO2. Gris. Caos. Mi familia. La lejanía. El azul. Carbono y más dióxido para volver a la realidad. Carrera 10 Nº15-28 Sur. Barrio de Sosiego. Las 12’51h. Sola en una mesita de un tenderete de comidas caseras. Ni los grados de la Poker ni la nicotina del Mustang comprado suelto, a unidad, me bastan para abstraerme del intenso que me sobrepasa. ‘Contratumbo resiste’, pone la pintada en la pared de ladrillo rojo de la casa de enfrente. Adela, resiste la emoción porque de ella saldrán volcanes de mariposas de la paz a cualquier lado de tu existencia. Hoy no puedo oler el mar. Mi Mar. Asfalto de ciudad converge en mi instinto de supervivencia. Florece la fuerza.

Texto: 17 de marzo de 2014, Carrera 10 Nº15-28 Sur, a las 12’51h. Barrio de Sosiego, Bogotá.


GANAS DE PROFUNDO

Ojalá todo sea posible y rico,
amplio mar, montaña y llano,
horizonte, verde y tierra.
Ojalá sorpresa.
Caminar, paso a paso, caminar recorriendo,
conociendo y ampliando nuestro paisaje,
que ya de por sí es maravilloso.
Compartiendo cada sueño que pasa volando y despierta,
y colmar los pensamientos más profundos
en dual encuentro entre cuerpo y mente.
Imagínate el goce entre ambos,
cómplice de un mundo llano y ligero,
fundido en placeres y sonrisas.
Conocimiento de lo eterno.
Lo más que queda.

Texto: 16 de marzo de 2014, 9’38h. Casa Barco de ‘El Ventorrillo’, La Candelaria, Bogotá.


SILENCIO Y PAUSA. POEMA DE NOCHE EN DEDILLOS DE NIÑO

Ahí está la luna, como ahí estás tú,
camuflada tras un cristal y la noche,
tras la lluvia y su sonido,
cantar eterno,
tras el manto de la distancia.
Hueca estancia la de este día lleno de vacíos.
Pero todas las nubes te descubrían,
todos los vientos, los movimientos de mi pecho.
Instantes de maravilla en los ojos y la boca del recuerdo.
Colmado el alma fugazmente de destellos.
Ya mismo vendría (voy a venir)
a darte el beso de buenas noches
y a mirarte a los ojos
antes de anochecer en la oscuridad del paso del día.
Silencio y pausa.

Texto: 16 de marzo de 2014, 9’23h. Casa Barco de ‘El Ventorrillo’, La Candelaria, Bogotá.

 

DESPERTARES EN EL VENTORRILLO. CASA BARCO.
UNA DE AGUA Y OTRA DE LUZ.

Basta amanecer distinto para volver a ser tú. Uno mismo en otro lugar, uno mismo en otra cama, bajo otro techo, cubierta con colchas y sábanas de alguien a quien amas y le estás agradecida. Eternamente agradecida. Arranqué allá, rodeada de amistad y comprensión, de soluciones, de dicha y sonrisas, acogida de corazón, en un mi primer barrio bogotano, La Magdalena. El 22 de febrero. No uno cualquiera. Y entre ayer y hoy, 13 y 14 de marzo, continuo camino hacia un próximo barrio próximo, nunca mejor dicho, y valga la redundancia, porque es el mío, ahora ya. La Candelaria y sus cuestas que guiñan traviesas, sus empedrados callejones, sus colores, su trajín, sus cerros, Monserrate, blanco y profundo en su mirada desde lo alto, el Oriente que nos marca situación, música, artesanos, pintores, sus gentes de derroche, su dinámica dinamitera, su explosión de olores y sabores, su Chorro de Quevedo, plazoleta del encuentro y nuestro ‘El Ventorrillo’, pequeño mundo abierto al universo histórico de Bogotá. Y ahora, aquí tumbada, me doy cuenta de que no me falta nada, porque todo está en mí, acá o allá. Da igual lo que tengas, da igual de donde partas, dónde te encuentres, qué estés haciendo, qué motivo te trajo. Sabes a ciencia cierta que tus ojos y tus manos siguen contigo allá por donde pases y donde sientas que es tu rincón. Aunque sea en soledad. La entraña. Todos aparecéis. Todos me acompañáis. En la realidad del sueño. Todos y cada uno, desde ahí, por aquí, en mis pasos, que son vuestros, porque mis días y mis noches, mi errar eterno, lleva parte de cada cual para cada yo en el nosotros. En un todo. Amor es aquel día en que te levantas y te acostaste anteriormente, horas a, por el que pasa el volcán de la ventura de estar vivo. Vivito y coleando, sin arrastrar los pies por donde caminas. Más bien trotando vigoroso por el devenir de los momentos. Los segundos que forman la historia de seguir siendo.

Texto: 13-14 de marzo de 2014, ‘El Ventorrillo’, La Candelaria, Bogotá.

 

UN COLIBRÍ EN EL SALÓN DE CASA

Todo aquí parece tener alas. Ritmo vertiginoso de esta capital que arranca el día con el alba y amanece rompiendo el compás del descanso para no parar y seguir caminando sin demorarse en el divagar. Abro los ojos. Estoy sola y la mañana prospera en su devenir. Preparo café de la tierra, frutas coloridas y de sabores pasionales, tostadas con mermelada de naranja y mantequilla francesa para no sentir la lejanía tal en la que me hallo de mi mar. Me siento a leer el correo y a revisar mis quehaceres. Ahí estás. Aparecen tus palabras entre la neblina de la distancia. Siento. Respiro. Cierro los ojos. Raya la luz entre las vidrieras. Las abro y se aletarga el momento. Vuelvo a mi silla, en la mesa del salón-comedor. Mientras reviso mis escritos, aparece frente a mí un pequeño colibrí de gracioso y delicado aleteo. Me mira. Yo ni parpadeo por no asustarle. Cuando él decide, marcha en danza hasta la puerta opuesta del jardín trasero de la casa, cruzando la cocina. Quizá eras tú. O más bien lo eras. Lo has sido. Lo fuiste. Lo eres. Valioso tesoro de la entraña y de la carne. Música de acordeones desamparados, olor a sal tostada por el sol mediterráneo, pomelos de huerto en enero, sandalias olvidadas con arena blanca de playa virgen, ternura en cada rincón, campo de amapola brava y sutil, dualidad en los genes, paso conjunto de mundo abierto, paz y plenitud, vacíos que llenar, fulgor que regresa en un recuerdo y hace que el pulso tiemble y se desvanezca la carne para ser luz. Mi voz escucha quieta tu sonrisa.

Texto: entre el 5 de marzo de 2014 a las 9’49h. y el 7 de marzo de 2014 a las 18’47h. Barrio de Teusaquillo, Bogotá, Colombia.

 

LA NIÑA PEPA DE LA BOCANA

No puedo evitar llorar. Hay algo en el aire y en el caminar que me recuerda a todos los sitios en los que he estado, los que he podido disfrutar. Olores a tierra mojada, a fruta, a verde, a vida. 2 de marzo de 2014. Las 17’53h. Carretera de Buenaventura a Cali, siguiendo el río Dagua. Niños, jóvenes, hombres, mujeres, abuelos. Hogares humildes pero coloridos y vitales. Dinamismo exuberante. Nutriente para la entraña. Flores y más flores. Descomunales encantos en un paisaje de derroche. Perros junto a sus amos, perros sueltos, a la bartola. Lento caminar. Llegando a La Pezuña del Diablo me viene a la cabeza Pepa, de La Bocana bonaverense. Sus manos y sus ojos negros me transportan a la completa paz, al todo amor. He soltado mar por los ojos al despedirme de estas tierras y estas sus almas claras y pasionales. Aquí las montañas respiran solas. Suena la música en las chozas, a todo tren, rumbeando en pasos de abismo y sentimiento. Qué los sueños nos inunden y echemos raíces con ellos para prosperar. Caminemos hacia el futuro, amplio despertar de la razón de ilusión y manto.

Texto: 2 de marzo de 2014. Las 17’53h. Carretera de Buenaventura a Cali, siguiendo el río Dagua, a la altura de La Pezuña del Diablo, Valle del Cauca.

 

AL COBIJO DEL YARUMO

Primer café colombiano sentada en el patio frondoso que rodea la casa. Mi habitación da a él. El platanero y el yarumo me cobijan. Taza blanca con siluetas verdes del ‘Fondo de empleados’ de la Fundación Escuela Taller de Bogotá. Me caliento las manos. Saboreo. Las 6’41h. de la mañana en la capital. Silencio, pájaros y alguna buseta que despierta las calles de Teusaquillo. Arranca mi primer domingo aquí, es esta ciudad que está por descubrírseme. Mi alma quieta respira acompasada. Todos duermen y mi cama ya está revuelta desde hace horas. Una vecina charlando y el aleteo de un ave que no reconozco. Alguien me contará de él y de los comienzos del alba, del ritmo de la mañana tras romper la luz.

Texto: barrio de Teusaquillo-La Magdalena, 23 de febrero de 2014, a las 6’38h.


AL CAMBIO TODO UN UNIVERSO

Gente en movimiento en los asientos y los pasillos del avión. Sobrevolando Bonaire, queda menos para llegar a Bogotá. 1 h. y 44 min. a destino. Seis horas de diferencia horaria con mi tierra balear. Acá las 14’45h. Allá, arrancó la noche hace rato. Tú entre los pasos que vuelan, yo entre aquellos besos. En línea recta sobre el mapa parece nada. Al cambio, todo un universo. Lejano movimiento en recorrido que espera aterrizar.

Texto: en el vuelo Madrid-Bogotá, 22 de febrero de 2014, a las 20’45h. de España, las 14’45h. de Colombia.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s