Taller 4

EJEMPLO TALLER 4
*Caso concreto taller realizado
en la sede de Cruz Roja Española – Delegación Maó, Menorca,
Islas Baleares, España

TALLER MONOGRÁFICO – MÚSICA
El ser musical. La libertad del sonido

Gente Mayor. La luz de una vida.
La segunda infancia. Yo de niño quiero ser

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Cocinando la esperanza en canciones

El planteamiento raíz de este taller, es basarnos en la relación intergeneracional que se crea entre infancia y vejez, miradas como un espejo que refleja un origen y una consumación en el transcurso vital.

Pero, ¿dónde está el inicio y dónde el final, en esta línea tan efímera que es el tiempo y su intervalo? Esta amapola que se abre y que se cierra en el paso airoso del camino.

Pensemos pues, en las primaveras emocionales que nos dan luz al frío invierno y hagámoslas música. Engendremos vida de nuevo en los ojos del alma.

Creación y recreación. Y así, perpetuar el paso por este mundo, y basar la felicidad, el disfrute, el placer, en la reproducción de piezas, melodías, letras de canciones, que nos abren la afluencia directa a la memoria y al corazón.

La longevidad musical que todos y cada uno de ellos tienen, los ‘discos duros musicales’ que conforman el recuerdo, y su consecuente recurso de felicidad, con lo cual, de sanación.

El avance de la edad en el colchón de las músicas vitales.
Y mecer canciones en el recuerdo. Mi voz, mi canto, mi vida.

Cerrar los ojos y cantar. Y acordarse de la niñez, y de cada fase vital, de los recuerdos más tiernos (o no tan tiernos), y volverlos canción. Canción común, de pasos vitales compartidos. Porque todos sentimos cosas similares. Irnos a los extremos, a las orillas (infancia/vejez) pasando por todos los matices de tiempo emocionales, y asociarlos a canciones que marcaron el camino.

El florecimiento de la edad en la conciencia del tiempo vital, del ser temporal. Y a la vez, del ente atemporal. Que no es línea recta, sino círculo, y el mismo punto de final es el de partida (digamos que un presente constante). Romper el tiempo en pedazos, vaciarlo y volverlo a llenar, recurriendo al flash-back (hacia atrás, analepsis) emocional, intercalando en el desarrollo lineal de la acción, secuencias referidas a un tiempo pasado, y viceversa, en el flash-forward (hacia adelante), yendo hacia el futuro (no sólo el nuestro, si no el de nuestros nietos. Volviendo a la relación infancia-vejez y el círculo que conforma).

Así pues, descomponer las secuencias cronológicas y facilitar que cada participante en el taller, pueda rediseñar su propio tempo, su propia banda sonora, su propio soniquete que le lleve a donde él quiera ir.

Y volvemos a la libertad. La libertad de elegir desenlace. Libertad de decisión. De elección. Alternativa de vida, entendida ella como un todo de correlación, que no tiene por que ser el plano real de la acción, y valga la redundancia, de la acción real, es decir, de la propia vida física que hemos llevado.

Porque entra la imaginación, los deseos, el juego, el placer, el amor, la paz, la poesía, el vuelo. En dos palabras: Música y Vida. Y me atrevería a añadir: Felicidad.

En mi pensamiento está, que pueden haber quedado cosas atrapadas en un lugar que no les corresponde. Recoloquémoslas entonces. Movamos pieza. Desarmemos para volver a armar. Amueblemos de nuevo nuestra casa emocional, nuestra cabeza teñida de corazón. Busquémosles un rincón donde queramos tenerlas. (¿quizá una ventana abierta al azul?). Y ellas estén a gusto (quizá lugar sin muros, ni ventanas, ni límites, estancia volátil). Sería pues un universo de miradas, divisado lo lejano y lo de más acá, como una misma proyección del ser enfocada en canción. En música.

Y a su vez, seamos artistas. Seres creativos. Compongamos nuestras propias canciones, nuestros propios temas musicales, añadiendo un poco de ‘salsa picante’ al motor vital. Haciendo reaccionar las ‘papilas gustativas’ de las emociones, volcándonos y salpicándonos en un trabajo de creatividad y autosuficiencia.

Sentados todos los participantes en una mesa compartida con mantel de música.

Cocinemos canciones en la gran olla común (el anciano, es la suma de un todo: embarazo, nacimiento, infancia, adolescencia, juventud, edad adulta, madurez y vejez) que es la estancia en la senectud. Los ingredientes de la receta: el yo creativo, el yo artístico y la emoción como base del caldo vibracional.

Mezclarlo. Dejarlo hervir. Y mientras, añadir mucho amor. O quizá, y mejor, amor al gusto, sin cifras, puñados o manojos, qué más da. Improvisemos. Hagamos nuestra propia receta y comámonosla.

Y donde comen 5 (sentidos) comen 10, que son esos mismos multiplicados por 2, y así en progresión geométrica, donde la razón de la serie sería un infinito, la evolución del ser (individual y colectivo) hacia la felicidad emocional, y el soltar lastres, el hacer el camino más ligero y partir sonriendo, plenos, rebosantes de amor, habiendo vaciado los plomos y su negritud de los bolsillos del delantal en el fondo del mar (los peces la transformarán). Flotando así, hacia una superficie de aire nítido y aguas claras en un horizonte azul, donde poder evolucionar la partida con manos abiertas al cambio y el corazón lleno de esperanza. Y la boca, llenas de cantares.

Y rompamos el cliché, francamente un laste para nuestros mayores. Y para nosotros, en el ahora, y en la potencia de nuestras carnes hechas vejez posterior. Dado que la inactividad (parón laboral, parón productivo) a la que se ven forzados los ancianos, en ningún caso obedece a caracterizar la tercera edad como una etapa improductiva de la vida. Pues así nace la marginación, la discriminación. La vulnerabilidad. En esa no aceptación de plano, por parte de unos y otros. Y en consecuencia, la soledad. Desliguémonos de la percepción que tiene muchas veces esta sociedad occidental (muy contraria a la oriental), en la que consideran a sus antecesores, y en términos más coloquiales, sus ‘viejos’ como carga, y no como sabiduría que son. –“No son una carga. Son los que tiraron de nosotros al nacer”-, diría yo. Dejemos de lado el quiebre de la 3ª Edad. Rompamos el filo de la edad. Hagámosla aire. Y respiremos con ella”.

Nuestros mayores, son nuestro camino hecho conocimiento, arruga y tiempo. Hecho verso. Un reflejo inequívoco, quizá proyección, de los que seremos en unos años más. Porque todos somos tiempo. Y como tiempo que somos, somos pausa. Y como silencio en la pausa, música.

E intentemos transformar los sentimientos de nuestros abuelos, los de soledad, pena, agotamiento vital, carga, en lo contrario. Sonrisa, apoyo y camino compartido de la mano, de los genes y del bien. Evitando, quizá así, que no generen de un sentimiento y/o sensación emocional una mutación a trastornos psicosomáticos, y otra serie de trastornos y enfermedades que se incrementan, me atrevería a decir, ‘al sentir frío en el alma’.

Hablemos pues, de la vejez como la culminación de la niñez.

La edad de la 2ª inocencia. El período ligero y trascendente, capital de la confianza en la vida. Más allá de la muerte, mirándola como un eslabón más en la vida, somos transcurso. La longevidad como perennidad. Antónimo de fugacidad.

Para ver, al cerrar los ojos, luz en sombra y sombra en luz. Es decir, el neutro de la polaridad, el equilibrio.

Convirtamos pues, la edad avanzada, en verso, voz, armonía y ritmo. Música.

 

DINÁMICA DEL TALLER. EJERCICIOS y DESARROLLO MÚSICO-TERAPÉUTICO

1. Selección de canciones comunes
(de recuerdo común, que nos unan al niño y al adulto):

– Canciones de niños: Ej. Mi barba tiene 3 pelos (vals)
– Canciones de adultos: Ej. Bésame mucho (bolero)

La selección estará realizada por todos y cada uno de los asistentes. Nadie impera sobre el otro, ni tan siquiera la tallerista o conductora del taller. Se decidirá entre el absoluto, el total, cuáles (qué canciones) trabajaremos, siempre yendo hacia la democracia en el desarrollo del taller. Todos elegiremos, y votaremos las canciones electas, y en el consenso de las resoluciones, se pactará qué trabajar. Y así haremos piña. Porque todos manejamos el barco, todos remamos hacia un mismo punto de encuentro. Hacia el todo (el 1) de nuestro colectivo, desde nosotros mismos, (desde el individuo) y sumando manos y corazones (hacia la comunidad).

Se trabaja así la integración. Y la integridad del ser. Los derechos.
Y el respeto, palabra fundamental en el compartir. Y en el ser libre.

Realizando este taller, recrearemos la vida. La luz y la sombra del camino, que en una comunidad, involucra al ser en la dinámica conjunta del paso por la vida. Porque compartimos mundo, compartimos raza humana, compartimos sentimientos, sensaciones, compartimos gestos, gustos.

Abramos el compartimento del corazón individual, hacia la música, y a través de ella, la música, lo abriremos hacia el conjunto de seres que conformamos el taller. Será un círculo (no coro) de música en el que todas las voces serán una (más allá del tono, y nos iríamos a la técnica del unísono, traslada aquí al 1 en la unión del colectivo), pero con la fuerza y la luz de cada uno de nosotros, sumada en ella.

Así se rompe la barrera del individualismo, del ego y de las jerarquías.

En cuanto a estructura técnica y de investigación, desde el prisma profesional y dirigido, podríamos hablar de policromía emocional, en un inicio. Y fusión emocional después. Yendo hacia la suma de todos los colores (emociones) en uno.
La base de mi trabajo (de vertiente asociacionista, hasta llegar al proceso creativo, basándome siempre en el comportamiento y en la reacción causada por un estímulo al trabajar con la música como canal de inducción y creación) consiste, entre otras formas y fondos, en relacionar (sinestésicamente) los 12 sonidos de la escala cromática (dodecafonismo de A. Schönberg: del griego dodeka = 12 + fonós = sonido) con los 12 colores (cromatismo o círculo cromático/rueda de color). No olvidemos que el dodecafonismo, son los 12 sonidos establecidos en el “Clave Bien

Temperado” de J.S. Bach. (Bach y el clavicénbalo, y paralelamente el piano, que es nuestro instrumento en estos talleres, la prolongación de mi voz, de mis manos).

 

La electrónica y la música experimental se fundamentan en ese concepto (a pesar de que muchos dj’s y/o compositores no lo sepan, y aún así, son capaces de hacer música elevada).

Digamos que es uno de los criterios más modernos e incluso actuales, contemporáneos, a pesar de estar definido en el siglo XVII-XVIII, y posteriormente asociado y corroborado en el s. XIX. Y hoy, trascurriendo el s. XXI, y con ello, y en mí; Bach, a mi forma de ver y sobre todo, sentir, el dios del sonido. Es pues, nuestro mentor en este taller, nuestra guía en casi todos los talleres que diseño y propongo, dado que, más allá del colectivo con el que trabajemos, estamos partiendo de la estancia única (esencia) y compartida del ser, llevada a uno u otro terreno.

De ahí mi ferviente apuesta por que la música es para todos. Y de todos.

En esa línea de pensamiento libre y acción liberada, en el caso del dj, y en muchos otros, se podría establecer claramente y con soberbia, categóricamente, el vínculo real que tiene la música con el ser, que sin darse cuenta, ni tener conocimientos adquiridos en estudios, la práctica musical nos lleva a un todo que no tiene ni edad, ni color, ni precio, ni rejas, ni tan siquiera nombre. Es la libertad en todos sus rincones, el abierto al absoluto. Podríamos decir que el propio 0 y el propio blanco. La tabula rasa vital.

Un niño juega y se inventa canciones, letra y música, sin tener ni habla (que sí idioma -vocalización dadá-, el de los bebés, sonidos y ritmos materializados, relacionados con necesidades, sensaciones y emociones, es decir, respuestas a estímulos), ni tan siquiera tener ‘los pies en tierra’ (practicando ahora yo, la magia y poesía de las palabras, en esta frase, y vinculándola a un comportamiento concreto de no estar centrado). Gateando y sin hablar, podríamos hacer canciones dadaístas.

En los juegos que empleo en los ejercicios de los talleres, manejo la atención dirigida, Mindfulness – atención consciente, o conciencia plena (Sati del Budismo, que representa la conciencia de los pensamientos, acciones y motivaciones)-. Siempre en casos concretos, y en momentos que se necesite centrar la atención en la creación, basada en la improvisación casi siempre, o yendo hacia ella.

Vuelvo al ser creativo que tenemos todos en nosotros mismos. Cada uno de nosotros. Sin condición. Universalidad de la música. Mi gran lema.

Voy de la persona mayor al niño, del infante al adulto, del anciano al bebé, porque la base del taller es esa. El camino. Ida, transcurso y vuelta, y otra vez regreso, desde la música y hacia la paz del soltar la muerte y hacerla vuelo, ligero, en tranquilidad.

 

Así pues, y volviendo a los 12 sonidos (y los 12 colores), iríamos del ‘dodecafoniso y cromatismo emocional’ (sonido/color/emoción) a la unidad emocional.

Mi amigo Juliá me contó una vez que tenía un dolor muy agudo, punzante, de cabeza. Me dijo que cuando le dolía, veía el color amarillo que se le esparcía y proyectaba hacia la parte trasera del cráneo. Cuando yo tuve un cólico nefrítico hace unos 5 años, lo relacioné con el color rojo intenso y también con los tierras. Era la sensación de estar enraizada a la tierra a través de mis riñones, en un momento en el que mi cuerpo no podía movilizarse, no podía levantarse, del dolor tan intenso que me llovía, me asistía. Y me sentía pegada al colchón de la cama con hilos que me salían de ellos, mis riñones, y se iban hacia la tierra y el magma. Mi dolor en 2 colores, en dos texturas (tierra y magma) en dos elementos, fuego y tierra. Digamos que todo está relacionado, y el asociacionismo está en nosotros mismos, sin nosotros saberlo. Juguemos pues con ello y sanemos. O por lo menos, reconozcamos y procesemos.

Personalmente – y con respeto total a otros tipos de visiones, conocimientos, estudios y enfoques en el proceso curativo integral de una persona, holísticamente hablando; yo, desde mí y para otros (y por descontado y en inicio, para y por mí, y así poder desarrollar mi labor social dentro de un colectivo posteriormente)-, trabajo la enfermedad como sanación. Podríamos hablar de bioenergética. En mí misma, y en la gente con la que comparto, con la que trabajo, dentro de una labor de total confianza (creado ya el vínculo, podríamos decir que similar al de paciente-terapeuta, en el que sin ese equipo en consenso, querer sanarse y querer ser ayudado a sanarse, es decir, creer, confiar, en uno y en el otro, sería un anexo vital en la cura, no digamos imposible, pero sí más complejo y dificultoso) en un proceso de sanación o superación, de trasformación, de evolución concreto, relacionado con alguna enfermedad, patología o situación. O bien, necesidad y voluntad en sí misma. Y por qué no, simple disfrute.

Se podría decir que somos lo que cantamos. Pero siempre podemos rectificar las recetas, si estas no nos gustan íntegras, o si queremos ponerle un poco más de azúcar, canela y clavo a la canción. Considerando, estas canciones como nuestra banda sonora vital.

Trabajando aquí la libertad, la equidad, y la unión. Entre otros muchos valores universales, que son tan necesarios en la vida.

Y con todas estas digresiones sobre el tema música y evolución, explico algunos puntos de unión, nexos, entre los ejercicios del taller y la posibilidad de juntarlos, de mezclarlos, al ejecutarlos, o seleccionarlos según nos interese a la hora de trabajar, y así no establecer una dinámica cerrada, sino flexible y en finalidad, más práctica y lúdica.


2. Jugar a canciones encadenadas a través de una palabra común

 Ej. Bolero “He perdido contigo” de Mª Teresa Vera: – “Me quisiste lo sé, yo también te he querido, me olvidaste después, pero yo no he podido. A sufrir por tu amor…”- + Canción ligera de Mocedades: -“Amor, amor de hombre, que estás haciéndome llorar una vez más…”.

3. Juego de contrarios. Canciones al positivo

 Como muchas de las canciones populares, la copla, la habanera, el bolero, el fado, hablan de pérdidas y dolor en el amor, positivizarlas, es decir, cambiar las palabras y las frases dolorosas y hacerlas paz, amor y esperanza en el camino vital, y amoroso. En vez de “sufrir por tu amor”/”disfrutar de tu amor”, en vez de “haciéndome llorar”/”haciéndome reír” una vez más.

En la dinámica de este taller jugamos siempre en colectivo. La selección de los temas a trabajar, viene dado por los propios asistentes del taller. Yo puedo establecer pautas a trabajar, pero ellos, deciden, dirigen hacia dónde vamos con los ejercicios. A sus recuerdos, a su magia, a sus pérdidas, a su dolor. Hacia su paz. Por y para eso, siempre, en cada unos de los ejercicios, mantenemos viva la llama de la positividad, transformando así el dolor en placer. Esta es la base fundamental, la máxima del taller. Vivir en el amor, desde el amor, hacia el amor. Hacia la paz, con uno mismo y en el todos.

Prácticamente la totalidad los ejercicios, serán realizados en círculo, sentados o no, dependiendo de los juegos, pero sobre todo, de la capacidad de movilidad que tengan los asistentes. Siempre impera la realidad, la practicidad, la comodidad y el relax. Pero, no olvidemos, que trabajaremos también la psicomotricidad (y en general el cuerpo-motor ), el movimiento, el ritmo. Siempre basándonos en que ‘menos es más’. El movimiento de un ojo al cantar, de la boca, de las manos, un guiño, un rictus, un gesto, dice mucho del estado de ánimo y la intención de una palabra, de una frase, acompañada de un tipo de comunicación no verbal. No sólo la palabra marca sentencia.

El gesto, la expresión, es fundamental para transmitir sentimientos, sensaciones, y hacer que la historia de una canción se haga real, palpable en nuestro propio canto.


4. Refranes musicados

Elegir refranes y frases hechas, dichos, proverbios, moralejas.
Ponerles ritmo y melodía.

Se podría inventar melodía y ritmo, improvisando, o bien, basar la música y el ritmo de esa frase en el propio soniquete de una canción ya inventada:

Ej: Con el refrán “No por mucho madrugar, amanece más temprano”,

cambiar la primera frase del bolero anterior “He perdido contigo” (-“Me quisiste lo sé, yo también te he querido”-) con el refrán entero. Pero la música (melodía y armonía) propia del bolero mantenerla.

5. Mi historia. Mi voz. Mi canción

 Basada esta propuesta de ejercicio en la evolución de los pasos del taller “El ser musical. La libertad del sonido” (que fue enfocado, en un primer momento puntual y de arranque y inicio en la materialización de mi proyecto a través de La Cruz Roja al Centro Penitenciario) es en realidad, bajo el título “Mi historia. Mi voz. Mi canción”, un canal claramente enfocado a la música y su poder transformador, que no tienen colectivo cerrado y totalmente definido ni delimitado al que dirigirlo, sino que son talleres universales y con cabida a todos los humanos sin excepción.

Y aquí podría exponer todos y cada uno de los pasos en el taller “El ser musical. La libertad del sonido” (más allá de su introducción, que es muy concreta y está enfocada a la falta de libertad en una prisión y las conductas delictivas. Y con ello la idea del tiempo, y el espacio dentro del ser).

*Remito, en adjunto, el taller “El ser musical. La libertad del sonido”.

 

Propongo la libertad de elegir entre todos la dinámica de los talleres. Los propios asistentes (marcadas las pautas por mí, y apoyadas por vosotros, y vuestra confianza en mi trabajo, profesionales del sector, terapeutas, trabajadores sociales, tutores, acompañantes, puente entre mi propuesta y el colectivo con el que trabajar) desarrollarán antes o después las mecánicas de intervención. Llevando siempre el ritmo general al paso compartido y suma-unión de todo el colectivo. Iremos hacia un trabajo de introspección para lograr la exteriorización y la aceptación del momento o ritmo vital. Del proceso de formación y evolución, del proceso curativo o de inserción. La música es un todo que sirve para todo.

Y en el conjunto de pasos a seguir en este taller (1, 2, 3, 4, y 5), así pues, en un ejemplo hipotético, podríamos desarrollar el ejercicio 1 del taller y después pasar al 3. O bien unir varios ejercicios en uno, según tiempo y función. La dinámica del taller, más que nada preestablecida, supone también la ruptura de los tempos y los ejercicios, porque sin esa libertad, no nos podríamos adaptar a las personas, distintas y en situaciones diversas, únicas todas ellas.

Y los talleres están propuestos como un lazo vinculante, no exclusivo.

 

NECESIDADES TÉCNICAS Y ELEMENTOS NECESARIOS

Nada indispensable, ni insustituible.

Agua y vasos.
Ropa cómoda.
Un espejo de cuerpo entero.
Sillas y mesas.
Papel blanco.
Papel pautado en pentagramas musicales.
Lápiz, goma y sacapuntas.Lápices de colores: colores primarios o primitivos (cyan o azul, amarillo y magenta), rojo, verde, blanco y negro.
Pizarra blanca y rotuladores borrables.
Borrador.

*Importante que los elementos de gráfica y/o pictóricos, se puedan borrar, y no tener que recurrir al tachón. Es un simple detalle a tener en cuenta. Si es posible. Mejor lápiz que un bolígrafo, mejor lápices de colores que rotuladores.

Un diapasón.
Un metrónomo.
Magnetófono.
Aparato reproductor de música cd.
Un teclado o piano.
Un ordenador.

 

 

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